viernes, 8 de enero de 2010

Guelfi

Voy cogiéndole el gusto a ésto de escribir sobre lo que me apetezca...y no se porqué, pero hoy me ha venido a la memoria Guelfi.


La vida de André Guelfi constituye una aventura que merecería ser contada en el cine, aunque yo me voy a limitar a dar unas pinceladas con relación a su carrera automovilística, por lo demás notable.

Nacido en Marruecos en 1919 de un padre oficial de la marina y una madre cuya principal ocupación conocida era la de cantar acompañándose de su piano, André desarrolla algunas de sus habilidades desde temprana edad. Cuenta la leyenda que con diez años ya conducía el coche familiar, con la ayuda de unas alzas en los pedales y unos cojines para poder ver la carretera! Parece que el chaval incluso se ganaba algún dinero llevando a los turistas a la playa de ésta guisa.

A los 17 años, entra en un banco local como aprendiz, y parece que al cabo de unos meses, y habiendo aprendido a toda velocidad las reglas de las finanzas, había amasado una fortuna superior a la del propio director de la oficina. Con esos ahorros, sale de la banca y se asocia a un tío suyo que es un empresario pesquero. De hecho, ésta relación con su tío estará en la base de su apodo posterior : «Dedé la sardina »

Al estallar la guerra, Guelfi, gracias a sus habilidades al volante, se encuentra destinado como chófer de oficiales. Es conocido que una de las personas a quien condujo fue Pierre Guillaumat, el futuro fundador de la compañía Elf. Parece que Guillaumat encontraba a su chofer excesivamente fogoso, y solía indicarle que fuese más despacio dándole instrucciones desde el asiento trasero a bastonazos...

A continuación solicita el traslado a Indochina, donde nada más llegar abre un taller. Aunque además de esa actividad, parece que se dedica al tráfico de budas de oro y a la compañía de jovencitas locales, en contra de las tradiciones autóctonas, que obviamente no aprueban esos comportamientos. Ante el cariz que el asunto va tomando, momento idóneo para cerrar el taller y solicitar el traslado a la metrópoli.

Ya de vuelta en Francia se inicia en la competición automovilística. Amigo de Fangio, se integra en el Equipo Gordini y disputa con ellos seis pruebas. También se le verá en las 24 Horas de Le Mans. Como amateur lo veremos al volante de Ferraris, Porsches y Mercedes, aunque su éxito más notable es la decimoquinta posición en que termina el Gran Premio de Marruecos (de lo que hoy se llama Fórmula 1).

Su talento se muestra incluso más efectivo fuera de las pistas que en ellas. Guelfi abandona la competición pero se mantiene relacionado con el deporte automovilístico: adquiere un local en la rue Brunel en Paris, en los bajos del mismo edificio en el cual se establece la sede social y redacción de la revista « Sport-Auto », que poco a poco se va a convertir en el lugar de encuentro de aficionados y profesionales. Cuenta la leyenda que Amadee Gordini le presenta allí a Françoise Sagan a quien Andre Guelfi iniciará en el mundo del pilotaje, (extraordinario eufemismo) lo que marcará el inicio del folletín « Guelfi » con los asuntos político-financieros franceses que, como no tienen nada que ver con el automovilismo no me voy a dedicar a contar ésta noche.

Para eso está Google…

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